Aplicar normas realistas para apreciar el innegable valor literario de Saga es una tarea inútil y quizá hasta imposible. La realidad que sobresale y la única que importa es la que vislumbra cada lector en su propia y particular lectura. Y es aquí donde reside la maestría con que se ha compuesto este texto neobarroco, mágico, espejeante y sensual. Juan Belano, protagonista con múltiples personalidades y características, parte con Güido Guardini, su constante y también mutable compañero de aventuras, en busca de Clotilde, la elusiva "oveja descarriada" que ha abandonado su rebaño lujurioso para refugiarse en el Palacio de las Flores, lupanar ubicado en un islote cercano y regido por la misteriosa e insaciable ninfómana Madame Rina. O por lo menos éste podría ser el origen de una de las muchas lecturas posibles del texto. Pero Saga no es un texto arisco ni hermético, sino una narración sensual que induce a sus lectores a participar en un estimulante juego mental. Ante los encantos de Saga el lector participa gustoso con el narrador en la ambigüedad que existe entre su propia voz y lo narrado. El resultado de esta alianza permite la apareciación de un locus descriptivo y narcisista que se cita a sí mismo y que no ofrece una anécdota única y estática, sino más bien un reflejo espejeante de una historia que se sabe a merced del discurso y que reutiliza constantemente descripciones claves en nuevos contextos. Saga de sí misma, esta nueva novela de Carlos Rubio quizá nunca llegue a figurar entre los bestsellers, pero sí entre los textos más originales de la literatura cubana contemporánea. Como obra subversiva que es ataca con destreza los cánones establecidos a la vez que seduce a sus lectores con las juguetonas y magistrales versiones de una misma e inolvidable aventura.
Justo C. Ulloa
Cuban Literary Studies
Virginia Tech